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Voluntarios Hondureños y estadounidenses realizan entrenamiento de búsqueda y rescate subterráneo

By Cap. David Liapis | Oficina de Relaciones Públicas de la Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo | Oct. 13, 2016

BASE AÉREA SOTO CANO —

Fue una típica mañana de septiembre en Honduras – la temperatura estaba por los 20 grados, el aire se volvía cada vez más húmedo mientras las nubes daban paso al calor del sol por la mañana -  y voluntarios hondureños y estadounidenses hacían las preparaciones finales para una aventura subterránea.

Esta sábado en particular tendría 13 voluntarios hondureños de PUMCIR (Personal Utilizado en Misiones Contra Incendio y Rescate), muchos de los cuales son parte del EQUIPO DE RESCATE-ELITE, quienes fueron acompañados por siete pilotos de la Fuerza Aérea de los EE.UU. asignados a la Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo, cinco bomberos del 612 Escuadrón Aéreo, un Suboficial de la Célula de Coordinación de Rescate Personal de la FTC-Bravo, y un Oficial de Relaciones Publicas – realizando un ejercicio de búsqueda y rescate dentro de una cueva en las montañas del parque Nacional de Comayagua.

El grupo de reunió en la casa de Herberth Gaekel, enlace del departamento de bomberos del 612 Escuadrón Aéreo y fundador de PUMCIR, además de instructor y financiero. Su propiedad, la cual ha estado en su familia por muchas décadas y atendida por el mismo hombre hondureño que trabajo para el padre de Gaekel, cubre más de 1.7 hectáreas y sirve como el sitio primordial para entrenamientos de PUMCIR, debido a la gran diversidad de la tierra y el follaje.

El equipo PUMCIR, consiste de bomberos que vienen de los pueblos aledaños de La Paz, Comayagua, Siguatepeque y La Esperanza, y los estadounidenses, apiñados en tres vehículos, incluyendo el peculiar camión 4x4 amarillo de Gaekel – un modelo Toyota de los años 80 cuya condición inmaculada desafía su edad – se dirigen hacia El Volcán, una pequeña aldea a aproximadamente 4.8 kilómetros al este de Comayagua donde comenzara la expedición. La mayoría de los bomberos voluntarios, sonrientes y risueños, se transportaron en un pickup pequeño, haciendo que las llantas traseras tocaran los rines, mientras la caravana subía la calle de tierra.

Los vehículos se estacionaron y el personal descargo el equipo – maniquí de 50 libras – listo. 1,000 pies de cuerda – listo. Leña para quemar y espantar las abejas asesinas, mosquitos y murciélagos – listo. Escalera plegable y camilla de rescate – listo. Guantes, cascos y tanques de buceo – listo. Mucha agua y aperitivos  para la caminata de 9.6 kilómetros – listo. Gaekel brindo una charla de seguridad y dio una oración – algo que repitió en cada coyuntura critica durante el ejercicio y al concluir – y así comenzó la aventura.

Adicionalmente a las miles de libras de equipo de rescate y necesidades básicas, Gaekel asigno a miembros para cargar ropa, zapatos, y balones de futbol para distribuir en el camino a los pobladores locales que necesitaran asistencia. Una característica que destaca en este hombre filantrópico de estatura baja, mitad alemán, mitad hondureño, es su conciencia sobre la necesidad de los demás y su determinación por satisfacerlas.

Después de aproximadamente 30 minutos, Gaekel pauso la marcha y reunión a los estadounidenses. Apunto al lado de Montaña La Oki, una montaña de 6,000 pies que cernía sobre nosotros al sureste y explico el génesis de PUMCIR.

“Dos estadounidenses de Soto Cano se perdieron mientras escalaban la montaña durante una tormenta en 1994, y terminaron cayéndose por un risco. Uno de los hombres murió y otro estuvo atrapado en un árbol con las piernas rotas. Estuvo ahí por 36 horas antes de ser encontrado; no sobrevivió”, recordó Gaekel. “Pregunte quien pudo haber hecho algo por ellos, y cuando me di cuenta que no había nadie preparado para realizar operaciones de búsqueda y rescate aquí decidí crear PUMCIR.”

Después de compartir esta historia, Gaekel señalo esta vez a un conglomerado de piedras ubicadas a un costado de la montaña, más o menos a una milla del gran barranco. “Cinco minutos mas,” dijo sonriendo. Nadie le creyo.

Después de casi 45 minutos traicionamos de pinos esparcidos y terreno seco a vegetación selvática donde llegamos a una bifurcación en un lugar donde el camino se regaba por el costado de un barranco de casi 100 pies, que se convirtió  muy estrecho y resbaloso. Gaekel tomo una de las cuerdas más largas y desapareció alrededor de la curva. Diez minutos después reapareció con un lado de la cuerda que había amarado a un árbol. Luego tomamos turnos utilizando el arnés para atravesar con seguridad esta sección final antes de legar a la cueva.

La Cueva de piedra caliza, aunque obviamente ha sido visitada por muchas  personas por décadas, aun contiene estalactitas de miles de años de antigüedad – y murciélagos, muchos murciélagos. El maniquí fue posicionado a 150 pies dentro de la cueva en una caída en la sección más lejana de la cueva que podría ser explorada sin necesidad de engranaje de espeleología. De aquí en Adelante, los equipos de rescate tuvieron solamente cinco minutos para extraer con seguridad y éxito a “Bartolomé” de las profundidades.

Después de que los tres equipos de PUMCIR completaran su entrenamiento, Gaekel vio hacia las nubes y nos informó que saldríamos justo a tiempo – con suerte –antes de que comenzara la lluvia. En ese preciso momento, la lluvia comenzó a caer en cuanto el equipo fue descargado en la propiedad de Gaekel donde había preparado una comida post-entrenamiento que consistía de tamales y chili hechos en casa.

PUMCIR ha respondido a cienes de llamados en los últimos 22 años. De hecho, Gaekel rápidamente dejo la comida para responder ante un llamado sobre un accidente cerca de su residencia.

“Esto pasa todo el tiempo, hasta a mitad de la noche,” dijo su hija Jenny Gaekel. “Él nos contará lo seria que fue esta llamada cuando regrese.”

Una vez que regreso el Buen Samaritano, explico que un motociclista que cargaba una bandera se enredó en el material y luego este se atoro en la llanta. Un transeúnte que fue testigo del accidente pudo cortar la tela y salvarle la vida, y Gaekel estuvo ahí para brindar asistencia de primeros auxilios mientras llegaba la ambulancia. Un día más en la vida de Herberth Gaekel.

Gaekel, quien ha sido un factor clave en el exito de CENTAM SMOKE (Cento America Compartiendo Conocimientos y Experiencias Operacionales Mutuas), un ejericio de bomberos bianual que se realiza en Soto Cano, ha invitado a los soldados estodounidenses a formar parte de los entrenamientos de PUMCIR por los ultimos diez años para darles una oportunidad de compartir y aprender de sus contrapartes hondureñas, al igual que para desarrollar relaciones positivas entre ambas naciones.

Gaekel ha brindado entrenamiento realista a más de 750 estudiantes de toda Honduras. Él dice que el entrenamiento brinda un aumento significativo al conocimiento de los voluntarios, quienes son bomberos a medio tiempo o tiempo completo, quienes en muchos casos no lo recibirían si no fuese por este programa.

Gaekel lamentó que sus esfuerzos no siempre son apreciados ya que sus voluntarios altamente entrenados muchas veces están mejor equipados y preparados para realizar operaciones de rescate que aquellos de otras organizaciones oficiales. Sin embargo, él dice que se trata de salvar vidas y no de preocuparse de lo que puedan pensar algunos detractores. 

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