NEWS | July 10, 2013

1-228 registra minuciosamente el Mar Caribe para salvar la vida de 9 náufragos

By Staff Sgt Jarrod Chavana Relaciones Públicas de la Fuerza de Tarea Conjunta-Bravo

El 2 de Julio, un Helicóptero Utilitario-60 del Ejército de los EE.UU. del 1-228 Batallón de Aviación de la Base Aérea Soto Cano fue enviado al Mar del Caribe para ayudar a ubicar a dos norteamericanos, un canadiense y seis hondureños, que fueron vistos por última vez el 30 de Junio.

"Volamos en patrón de serpiente por alrededor de siete horas y cubrimos más de 450 millas buscándolos el primer día, pero fue en vano," dijo el Suboficial Jefe-3 del Ejército de los EE.UU. Jay Hanshaw, piloto del 1-228 BA. "El segundo día pudimos ver que las corrientes de agua cambiaban hacia el Oeste y volamos en cuadrilla y luego de varias horas de búsqueda, recibimos una llamada de la Guardia Costera de los EE.UU. para examinar más de cerca un pequeño bote."

Con menos de una hora y media restantes para buscar el bote antes de que las fuerzas de los EE.UU. concluyeran la búsqueda, el bote fue ubicado por el Hércules HC-130 de la Guardia Costera de los EE.UU.

Alrededor de las 8:30am la tripulación de vuelo llegó a las coordenadas y pudo ver que los pasajeros agitaban sus brazos frenéticamente, con sus camisas sobre sus cabezas esperando estar a punto de ser rescatados.

"La gente del bote fue encontrada a mas de 30 millas fuera del cuadrante de búsqueda y fueron halados hacia una corriente creada por una tormenta en la costa de Belice," dijo Hanshaw.
La tripulación de 1-228 sobrevoló el bote a la deriva y se preparó para descender a un médico de la aeronave.

"Estábamos sobrevolando aproximadamente a 50 pies sobre el bote cuando fui descendido del helicóptero en una silla de rescate," dijo el Sgto. del Ejército de los EE.UU. Travis Mayo, médico de vuelo del 1-228 BA. "El rotor de la aeronave estaba golpeándonos con agua y agitándonos a mí y a la embarcación de un lado al otro. Incluso movió el bote hacia adelante, como si estuviese encendido".

La silla de rescate utilizada tiene aproximadamente 35 pulgadas de alto y dos sillas plegables de 12 por tres pulgadas, con dos correas de retención dentro de una brillante bolsa naranja conectada a la parte superior.

Para no volcar el bote y causar una lesión mayor, Hanshaw decidió adquirir otros 30 pies de altura y procurar así a que el bote no se aleje aun más.

"Tenemos protocolos para casi cada escenario, pero tuvimos que decidir cual sería la mejor estrategia para salvar a los pasajeros pues sabíamos que ellos estarían débiles y deshidratados," dijo Hanshaw.

Mayo atendió las heridas de los nueve miembros de la embarcación y elevó a los heridos y débiles primero. Los pasajeros no habían comido en días y solo pudieron beber agua lluvia, la cual mantuvieron dentro de su hielera.

"Una de las mujeres había herido su muñeca una semana antes, así que le examiné su cabestrillo antes de asegurarla en la silla de rescate y luego yo me senté en la otra silla," dijo Mayo. "Ella tenía miedo y yo quería asegurarle que llegaría hasta la aeronave."
Mayo, físicamente exhausto, fue elevado y descendido de la aeronave hacia el bote tres veces antes de que decidieran intentar un plan diferente.

Tratar de descender a Mayo exactamente dentro del bote, empezó a gravarlo físicamente, así que a la tripulación se le ocurrió hacerlo descender al agua del Mar Caribe y nadar unos cuantos metros hacia el bote. Esto ayudó a aflojar la corriente de agua que azotaba al bote y sus tripulantes.

"Fue entonces que pude poner a las restantes seis personas a bordo de la silla de rescate, dos a la vez," dijo Mayo.
Después de las casi dos horas del rescate, la aeronave voló a la isla de Roatán y aterrizó con un poco menos de 30 minutos de combustible restante.

Este no fue el primer rescate de Hanshaw, cuando estuvo en Afganistán; voló un Blackhawk por si solo a una peligrosa área de aterrizaje para salvar las vidas de dos Marinos de los EE.UU. Después de un escape casi imposible, donde un AK-47 atravesó la puerta en la cabina del piloto, golpeando la cubierta balística de su casco y la metralla de empotramiento en la mejilla, Hanshaw evacuó el área y recibió la Distinguid Cruz de Vuelo del Ejército por su valentía.

"El entrenamiento diario asegura que nuestra tripulación de aeronave, mantenga los niveles más altos de pro eficiencia y preparación para eventos del mundo real, aunque uno nunca sepa cuando hará uso de estos entrenamientos; es en tiempos como este que uno se alegra de tenerlo," dijo Hanshaw.